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Meg Ryan: ¿se pasó de frenada?

Meg Ryan antes y después

Hubo un tiempo en el que películas como Tienes un e-mail o Cuando Harry encontró a Sally hicieron las delicias de medio mundo, y su protagonista, Meg Ryan, se convirtió en «la novia de América», que es la expresión acuñada para definir a la actriz preferida de la taquilla en Estados Unidos.

Pero la novia se hizo mayor, y no quiso o no supo aceptarlo. Para luchar contra el tiempo, quizá también para reactivar una carrera en declive, Ryan entró en una espiral de intervenciones estéticas y ahora los medios de comunicación que siguen sus cambios lo lamentan: ¿dónde quedó la dulce Meg?

Desde luego, el deseo de no envejecer es comprensible y nuestra especialidad ofrece un amplio abanico de posibilidades (medicina estética facial y corporal, cirugía estética facial y corporal) para retrasar ese proceso.

Sin embargo, eso no puede llevarnos a olvidar lo que nosotros en nuestra consulta, y la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética como institución que representa a todos los profesionales del ramo, recordamos a cada paso: que nuestra especialidad sirve para lograr una mayor armonía facial y corporal, para reducir las secuelas del envejecimiento, y que al hacerlo mejora la calidad de vida y la estabilidad emocional de los pacientes. Pero que nadie, ni quienes sopesan la posibilidad de ponerse en manos del especialista, ni el propio profesional, han de dejarse arrastrar por factores como la sublimación de la juventud o los dictados de la moda, y que el paciente debe tener una idea razonable y realista de lo que las intervenciones de cirugía estética le pueden ofrecer, también de sus limitaciones y riesgos.

En definitiva, y por usar una expresión coloquial: que no podemos pasarnos de frenada. Ni ustedes, ni nosotros. La prudencia es buena consejera, tanto en los tratamientos médicos como en los procedimientos quirúrgicos, y del mismo modo que sabemos lo mucho que esta especialidad puede hacer por la gente, tenemos que saber cuándo hay que parar, cuando hay que decir basta.

El caso de Meg Ryan es sólo uno de tantos en los que alguien pidió la luna y otro alguien, desoyendo al sentido común y a la deontología profesional, no supo decir basta.

Si deseas más información, contacta con nuestro equipo de Clínicas Fernández Blanco, llama al 915 54 09 24 (Madrid) o al 952 850 468 (Marbella, Málaga).

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