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La técnica de la rinoplastia cerrada

La técnica de la rinoplastia cerrada

El uso de la técnica de rinoplastia cerrada permite mejorar el aspecto de la nariz y el rostro sin dejar cicatrices visibles, modificando o corrigiendo su forma y funcionalidad.

Los problemas más comunes que se pueden solucionar realizando este tipo de cirugía son los de desviación de tabique, reducción de giba o caballete, o de anchura de la nariz.  En definitiva, rinoplastias de poca dificultad, en casos que no presenten asimetrías muy notables o grandes desviaciones.

Para cirugías más complicadas o segundas operaciones, se recomienda la técnica de la rinoplastia abierta, que permite una mejor visibilidad del área de trabajo al cirujano.

Es importante que el paciente que va a someterse a esta intervención tenga claros los objetivos de la misma y sea realista en cuanto a los resultados que se vayan a obtener; que tenga una edad suficiente como para haber permitido el desarrollo completo de su estructura nasal; y que se encuentre en condiciones óptimas de salud, a pesar e tratarse de una operación muy poco invasiva.

Es el cirujano el que decide qué técnica es la más apropiada para cada paciente y cada caso, tras analizar su dificultad y los objetivos que se persiguen.

Cuando se opta por la técnica de la rinoplastia cerrada, el impacto sobre el paciente es menor, ya que el cirujano trabaja exclusivamente a través de los orificios de la nariz.

Intervención y técnica

El hecho de que el cirujano haya decidido aplicar la técnica de la rinoplastia nos revela que se trata de una intervención relativamente sencilla, que asegura al paciente una recuperación más temprana, y que no quedarán cicatrices a la vista.

Un anestesiólogo administrará anestesia local más sedación, y en menor número de casos una anestesia general, si se prevé una operación de larga duración o lo solicita el paciente. En cualquier caso esto se analizará y acordará previamente.

El cirujano realizará las acciones necesarias en la intervención a través de los orificios nasales. Una vez pasados los efectos de la anestesia, se observará la evolución el paciente.

Postoperatorio

La recuperación de una rinoplastia cerrada es bastante inmediata y poco dolorosa. Se inmoviliza la zona con una férula de aluminio durante unos días o incluso una semana, en función del grado de la intervención, para colocar posteriormente un esparadrapo durante unos días más.

El cirujano dará algunas pautas para una mejor recuperación, como el uso de compresas frías, dormir boca arriba con una ligera elevación de la cabeza, evitar el tabaco, sonarse la nariz, o el uso de gafas.

El paciente operado de rinoplastia cerrada puede incorporarse a la vida laboral con normalidad pasados no más de cinco días desde la intervención, y apreciar los resultados definitivos de la misma tras seis semanas.

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