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3 reglas de oro para la hidratación de la piel

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¿Cuántas veces has dicho, a estas alturas de verano: “Tengo sed”? ¿Y verdad que tu reacción primera ha sido buscar agua, o cualquier otro líquido refrescante que te ayude a calmarla?

A todos se nos ocurre que si nos apetece beber, lo correcto es hacerlo. Por placer y por necesidad: siempre, y en verano más que nunca, debemos estar hidratados.

Sin embargo, lo que nos parece una evidencia irrefutable para nosotros se lo negamos a nuestra piel que, permitidme la obviedad, es parte integrante y esencial de nuestro cuerpo. Así que aquí tienes tres reglas de oro para hidratar la piel:

1) Mantente hidratada en general, eso beneficiará en particular a tu piel.

2) Aliméntate de manera sana y, cuando el calor apriete, aumenta la ración diaria de verduras frescas y fruta.

3) En la medida de lo posible, evita exponerte al sol y, si no te queda más remedio (o te apetece mucho) no lo hagas sin utilizar una crema de protección solar elevada (de factor 30 para arriba).

Quizá sea también necesario que indiquemos cómo se identifica una piel deshidratada, aunque las muestras de esa condición son las esperables: una piel deshidratada es menos flexible, pierde volumen y firmeza, se debilita. La consecuencia inmediata es que muestra un aspecto apergaminado, y si la deshidratación persiste, aparecen las grietas y la descamación. Es como si la piel se apagara.

No llegaremos al extremo de decir que las arrugas, todas las arrugas, son fruto de la falta de hidratación porque estaríamos faltando a la verdad, pero es cierto y demostrable que la deshidratación potencia la aparición y el desarrollo de los surcos en la piel. El envejecimiento es uno de los efectos de una hidratación insuficiente.

Acabo diciendo que la piel puede deshidratarse sea del tipo que sea. Cierto, a unas les costará más que a otras, pero las agresiones externas afectan tanto a las pieles secas, como a las mixtas o las grasas. Ninguna está a salvo, hay que cuidarlas a todas.

Y, por supuesto, lo dicho vale para pieles sanas que en verano sufren alteraciones por el calor (o en invierno, por el frío), que padecen por la exposición a los aires acondicionados (a las calefacciones). No hablamos aquí de sequedades patológicas para cuyo tratamiento hay que acudir al médico especialista.

Si deseas más información, contacta con nuestro equipo de Clínicas Fernández Blanco, llama al 915 54 09 24 (Madrid) o al 952 850 468 (Marbella, Málaga).

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