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Nutrición: soja e isoflavonas en nuestra dieta

La Soja es estudiada permanentemente y algunos de sus componentes, los fitoestrógenos se utilizan como paliativos en los efectos de la menopausia y la descalcificación ósea. La soja es un alimento nutritivo y antioxidante, muy consumido en países de origen asiático.

Los productos de soja que más se comercializan como complemento alimenticio son las isoflavonas, sobre todo la genisteína, la más abundante en este alimento y a la que se atribuyen la mayor parte de las acciones orgánicas saludables.

El propósito del consumo de estos complementos es servir de sustitutos a los fármacos y aliviar síntomas propios de la menopausia,como sofocos, además de prevenir la descalcificación ósea, cuyo riesgo aumenta tras el cese de la actividad de los estrógenos. No obstante, no hay consenso médico ni científico que avale todos los beneficios que se esperan y que se le atribuyen.

El Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) publicó el “Informe en relación con las consecuencias asociadas al consumo de isoflavonas”. Este documento concluye que, aunque hay algunas evidencias experimentales que sugieren una relación entre el consumo de isoflavonas y la mejora de las condiciones óseas, estas se consideran poco concluyentes. También informa que “no está claro que las isoflavonas tengan efectos beneficiosos sobre los síntomas de la menopausia y enfermedades crónicas, ya que hay ensayos clínicos que indican efectos positivos, mientras que otros no encuentran diferencias”.

Los estudios realizados  por distintos centros de investigación señalan que la ingesta diaria de un promedio de 82 mg (47-150 mg) de isoflavonas de soja durante 6-12 meses aumenta de forma significativa la densidad mineral ósea de la columna, en comparación con los grupos control, pero tales efectos positivos no se detectan en el cuello del fémur, la cadera ni el trocánter. Los últimos resultados sobre este asunto provienen de un reciente ensayo clínico llevado a cabo durante 5 años con mujeres menopáusicas entre 45 y 60 años. La conclusión principal es que, después de dos años, la administración diaria de 200 mg de isoflavonas de soja no ha demostrado los buenos resultados esperados ni en la pérdida de masa ósea ni en diversos síntomas de la menopausia como los sofocos o el estreñimiento.

No se conoce hasta hoy la cantidad de isoflavonas en los alimentos habituales consumidos por la población española y, por ende, tampoco se sabe la cantidad ingerida de fitoestrógenos a través de la dieta habitual. Se estima que el consumo medio de la población europea está por debajo de 1mg/persona/día. Estos datos se desprenden del proyecto VENUS (Vegetal Estrogens in Nutrition and the Skeleton), a través del cual se ha evaluado el nivel de consumo de isoflavonas (isoflavonas totales, daidzeína y genisteína) en cuatro países europeos: Irlanda, Italia, Países Bajos y Reino Unido.

Los niveles de ingesta estimados son bajos si se compara con los encontrados en la dieta asiática (de 20 a 100 mg/d). Esto demuestra que los niveles de isoflavonas (60-100 mg/d) que se asocian con beneficios orgánicos son difíciles de alcanzar con las dietas europea. VENUS es la mayor base de datos que recoge el contenido en isoflavonas (genisteína y daidzeína) de 791 alimentos y que incluye casi 300 de consumo habitual en Europa. En 158 alimentos también se han agregado los niveles de lignanos, otro tipo de fitoestrógenos antioxidantes.

La soja y sus derivados son los alimentos con mayor proporción de isoflavonas: haba de soja (60-239 mg/100 g), harina de soja (60-235 mg/100 g), proteína de soja (45-200 mg/100 g), leche de soja (1-31 mg/100 g), tempeh (43-63 mg/100 g), tofu (10-50 mg/100 g) y miso (20- 100 mg/100 g). Las legumbres (lentejas, guisantes, judías blancas o garbanzos) contienen mucha menos cantidad de isoflavonas que la soja (0,1-0,7 mg/100 g).

La literatura científica indica que las isoflavonas en los alimentos se localizan de manera mayoritaria en forma de glucósidos (forma conjugada). Sin embargo, en los alimentos fermentados derivados de la soja (miso, tempeh, tamari o salsa de soja), son mayoritarias las agliconas, debido a la acción de las enzimas bacterianas durante el proceso de fermentación. Al parecer, la forma en la que se encuentran las isoflavonas en los alimentos es importante porque la absorción es mayor en forma de agliconas.

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